
Quizás es la única palabra que se me viene a la cabeza cuando pienso en la gente que ha acudido estos días al ver al papa Benedicto XVI. Respeto por una fe, una creencia. Nada más. Pero es mucho.
La actitud de los máximos mandatarios de la Iglesia no invita a ir más allá.. Ratzinger personifica el catolicismo más rancio y conservador, la imagen de la persecución contra los matrimonios homosexuales y del aborto; de la humillación de las mujeres, a las que niega la igualdad a los hombres en la institución que representa; de la ocultación de los abusos a menores.Sólo sus comentarios comparando la situación actual en España con el anticlericalismo de los años 30, dan una imagen del tipo de persona que es, de su provocación, de su falta de sentido de la realidad y su mala "fe".
El alejamiento de la sociedad de la iglesia católica no es fruto de un gobierno, ni de un partido político. Sólo es consecuencia de la incapacidad manifiesta de sus lideres de regenerarse, adaptarse a la realidad, y hacer de su acción de gobierno un acto de humildad y servicio a la comunidad (como muchos miembros de su iglesia lo hacen)
El Papa no ha ejercido de peregrino, compartiendo una experiencia única , como todos los que recorren el camino de Santiago. Solo ha venido a darse un baño de masas ( menor de lo esperado, por cierto) en un acto de aclamación de su figura. Un acto de aclamación especialmente seguido por políticos de toda índole que quizás deberían pensar en calidad de qué estaban allí, ya que si era a título personal ,podrian haber dado ejemplo sumando horas de espera en las colas, como otros muchos ciudadanos. Y si era institucional, reflexionar sobre a quien representan en los cargos que ostentan.
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